La captura del CO2, el secreto de la estrategia climática

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Las tecnologías de captura, almacenamiento y valorización de CO2 ganan interés en el sector energético y la industria ocupa un lugar clave en su expansión, hasta ahora se han hecho avances mínimos, pero es ya tras el hidrógeno la alternativa mejor valorada.

Las vías de mitigación diseñadas a nivel mundial para alcanzar las cero emisiones netas de CO2 y gases de efecto invernadero (GEI) incluyen la transición hacia fuentes de energía renovables y hacia combustibles fósiles que incorporen tecnologías de captura, almacenamiento y valorización de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés). Cada vez son más las alusiones a la necesidad de avanzar en este último ámbito. Hasta el informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU de 2023 reconoce ya que la captura de carbono podría ser necesaria para combatir el calentamiento global, especialmente en países difíciles donde es difícil reducir las emisiones. 

En el Global Energy Survey Report 2023 del Energy Council, al preguntar a los directivos del sector por las energías alternativas que sus empresas estaban explorando en el contexto de la transición energética, el hidrógeno (19%) emerge como el ganador clave, pero le siguen de cerca las tecnologías de CCUS (17%), que ocupaban el cuarto lugar en 2022 después de la energía eólica y solar. También se detecta, por cierto, un aumento en el interés en torno al desarrollo de la energía geotérmica que ha pasado del 5% al 8% y el 3% de los encuestados pide incluir la Direct Air Capture (DAC) de CO2 a la lista de opciones por primera vez.

En el último foro de Schlumberger celebrado en Suiza, el CEO de Saudi Aramco, la compañía petrolera más grande del mundo, Amin Nasser,proclamó que las políticas de transición energética, especialmente en Europa, han sido sólo “una cadena de castillos de arena que las olas de realidad han arrastrado”. Un error de cálculo, agravado por la guerra en Ucrania. 

Según su visión, a la caída de las inversiones en las infraestructuras de extracción y distribución del sector de petróleo y gas (entre 2014 y 2021 se han reducido a la mitad, de 700.000 millones de dólares a poco más de 300.000) se ha sumado la inmadurez de la generación de energía renovable, y la idea de que la transición energética podría lograrse “casi de la noche a la mañana”, sin necesidad de mayores suministros de petróleo y gas. 

En ese contexto, en el mismo foro, Vicki Hollub, presidenta y CEO de Occidental Petroleum (Oxy), aportó una visión constructiva: la discusión no debería ser sobre la fuente de combustible, sino en realidad “sobre lo que hacemos con las emisiones”. La clave a desentrañar debería ser “cómo colaboramos juntos y cómo nos unimos y resolvemos el que es uno de los mayores problemas del mundo hoy en día”. Un cambio de enfoque en toda regla.

Se puede aumentar la producción de petróleo y gas y reducir las emisiones, sostiene, “a finales de esta década, estaremos en cero emisiones totales netas de nuestras operaciones de la Cuenca Pérmica mientras continuamos aumentando la producción”. El secreto está en las tecnologías CCUS. “Tienen que ser parte de la mezcla, sin eso no podemos limitar el calentamiento global a 1,5 grados. Simplemente no puede suceder”. Oxy trabaja en “ventiladores radiales para extraer aire de la atmósfera, empujarlo a través de una torre de contacto y luego convertirlo en CO2 que secuestraremos en el depósito”. De hecho, “creo que Oxy se dirige a convertirse en una compañía de gestión de carbono”, revela Hollub.

No es sencillo apostar por las CCUS porque el 85% de las emisiones de CO2 en todo el mundo opera todavía fuera de un esquema de fijación de precios, de modo que resulta complicado convencer a las empresas de que inviertan en la investigación inicial y en los costes de instalación de la tecnología sin apoyos públicos.

En 2021, se anunciaron más de 100 nuevas instalaciones y la cartera de proyectos globales va en camino de cuadriplicarse. Pero a lo largo de la década pasada se cancelaron numerosos proyectos de alto perfil y muchos programas de financiación de los gobiernos no se cumplieron. De modo que no hay que fiarse. Desde 2010, cada año se ha añadido, de media, una capacidad de captura de menos de 3 millones de toneladas de CO2 (MtCO2) en todo el mundo, y la capacidad total anual apenas superaba los 40 MtCO2 en 2022. Esta cifra debería aumentar a 1.600 millones de toneladas (GtCO2) en 2030 para alinearse con un camino hacia el cero neto de emisiones en 2050. Para conseguirlo, la IEA estima que se necesitarán más de 2.000 nuevas instalaciones de CCUS para 2040, 100 veces más que las que existían en 2021.

El papel de la industria

Según el Escenario de Tecnología Limpia (CTS), dentro de los objetivos definidos por el Acuerdo de París, se deben capturar más de 28 Gt de CO2 de las instalaciones industriales hasta 2060. Las tecnologías CCUS podrían contribuir a una reducción de 21 Gt de CO2 (27%) en el periodo 2017-2060, provenientes del cemento (18%, capturando 5 Gt de CO2), siderurgia (15%, capturando 10 Gt de CO2), y subsectores químicos (38%, capturando 14 Gt de CO2).

Pero con esto no basta, se necesitan también sistemas DAC de CO2 a gran escala para cumplir los objetivos del Acuerdo de París. Se estima que la capacidad DAC debería ser de 3.470, 4.798 y 15.402 MtCO2/a en 2030, 2040 y 2050, respectivamente, para llegar a las emisiones cero. Actualmente, en Europa, Estados Unidos (US) y Canadá, hay más de 15 plantas DAC en operación, pero la mayoría son pequeñas y venden el CO2 capturado para su uso a la industria alimentaria, por ejemplo.

Sobre el papel, España puede convertirse en un país de referencia en el ámbito de las tecnologías CCUS, cerca de Alemania, Reino Unido y Francia y al nivel de Italia y Polonia. La cantidad anual de CO2 liberada por fuentes industriales es de aproximadamente 1.900 MtCO2, mientras que la utilización potencial podría alcanzar los 68 MtCO2, lo que representa el 3,6% de la cantidad total de CO2 disponible. 

El Plan Nacional de Energía y Clima publicado por el Gobierno prevé para el período de 2021 a 2030 una reducción de las emisiones en generación eléctrica, de 36 MtCO2-eq; en movilidad y transporte, de 27 MtCO2-eq; en residencial, comercial e institucional, 10 MtCO2-eq; y en industria (combustión), 7 MtCO2-eq. Uno de los cinco puntos de acción mencionados para lograr estos objetivos son precisamente las tecnologías CCUS, aunque no menciona metas específicas para 2050. 

De hecho, nuestro país fue de los primeros en trasponer la directiva europea CCS, relativa al almacenamiento geológico seguro de CO2, que contempla el otorgamiento de licencias de exploración para determinar la capacidad de almacenamiento por un período máximo de nueve años y la posterior a autorización de almacenamiento para explotar en exclusiva el lugar durante 50 años. Debería proporcionar un marco legal estable, pero tiene un bajo grado de flexibilidad.

La Cuenca del Ebro, que incluye las áreas industriales de Tarragona, el norte de Castellón y el norte de Teruel, es una de las ocho regiones europeas identificadas en el ambicioso proyecto Strategy CCUS debido a su enorme potencial para el desarrollo de tecnologías de captura, almacenamiento y valorización del CO2. Sus estructuras geológicas son adecuadas para almacenar gas, punto de partida para generar oportunidades comerciales en la transformación de CO2 en productos químicos. De hecho, Repsol, CIEMAT y el IGME, participan en el proyecto PilotStrategy que analizará acuíferos salinos profundos en la Cuenca del Ebro, siguiendo los cálculos realizados ya por Geocapacity, CO2STOP y COMET, para determinar la posible ubicación de infraestructuras para almacenamiento CO2.

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